
Tres nombramientos, una misma pregunta de fondo. En los últimos días, el gobierno del presidente Abelardo de la Espriella completó el mapa de poder del sector energético colombiano con tres decisiones clave:
Rafael Enrique Fragozo Díaz al frente de la UPME, Ernesto Forero Fernández de Castro como presidente de la ANH, y Sergio Arturo Piñeros Botero como director de la ANLA. No son cargos aislados. Son las tres mentes juntas que, determinan si Colombia planea bien, produce lo suficiente y lo hace sin destruir lo que no se puede recuperar.
¿Por qué importan los tres al mismo tiempo? Porque ninguno puede hacer su trabajo sin el otro. La UPME planea la demanda. La ANH administra los recursos que deben suplirla. La ANLA decide si los proyectos que la UPME proyecta y la ANH promueve pueden construirse. Es una cadena, y esta semana Colombia le cambió los tres eslabones.
UPME: el ingeniero que llega a ordenar el mapa energético
Rafael Fragozo es ingeniero electricista, especialista en finanzas y magíster en sistemas energéticos, con más de 15 años de experiencia en mercados eléctricos, regulación y transición energética. Asumió el cargo el 14 de agosto, en reemplazo de Indira Cristina Portocarrero Ospina, y llega con experiencia en cargos directivos en el grupo Luz y Fuerza Colombia S.A.S., relacionada con asuntos técnicos, comerciales, regulatorios y nuevos desarrollos.
Su reto no es pequeño. Colombia enfrenta decisiones relacionadas con el crecimiento de la demanda, la disponibilidad de gas, la confiabilidad del sistema eléctrico y las inversiones necesarias para ampliar la infraestructura energética en los próximos años. La UPME, en sus palabras propias del sector, no genera energía: genera certeza. Su misión será producir información que permita brindar mayores certezas a inversionistas y orientar la construcción de infraestructura frente al comportamiento creciente de la demanda.
ANH: la carrera contra el reloj de las reservas
Ernesto Forero es abogado con amplia experiencia en asuntos corporativos, egresado de la Universidad Externado, con especializaciones en Derecho Comercial de los Andes y Derecho Tributario de la Javeriana, y maestría en Derecho Comercial Internacional. Entre 2009 y 2017 estuvo vinculado a la Sociedad Portuaria Regional de Santa Marta, donde llegó a ser presidente.
Llega a la agencia con el reloj corriendo. El principal reto será aumentar las reservas de gas, que cayeron 54,6% entre 2018 y 2025, en un contexto donde Colombia tiene reservas probadas de petróleo para 7,4 años y de gas para 5,9 años —hasta finales de 2033 y mediados de 2032, respectivamente. Ese punto se vuelve más crítico ante un fenómeno de El Niño que se acentúa y que podría elevar la demanda de energía, aumentando la presión sobre la oferta disponible.
Su designación, mediante el Decreto 1189 de 2026, lo enfrenta a un escenario marcado por el debate sobre el papel que deben cumplir los hidrocarburos dentro de la transición energética, justo cuando el país necesita ambas cosas a la vez: producir más hoy y transformar la matriz a mediano plazo.
ANLA: el fiel de la balanza entre desarrollo y conservación
Sergio Piñeros llega a la dirección de la ANLA con más de 10 años de experiencia en ordenamiento territorial, planeación y gestión ambiental. Es ingeniero civil de la Javeriana y magíster en Derecho Urbano y Gestión Urbanística del Rosario. Su trayectoria incluye la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca, el Instituto para el Desarrollo Sostenible Quinaxi y el IDEAM, donde dirigió la oficina de planeación, además de haber sido asesor del entonces ministro de Ambiente Ricardo Lozano.
Piñeros llega a uno de los puestos más presionados del Estado colombiano. Su rol será esencial para darle el aval —o no— a los proyectos de explotación de hidrocarburos que prometió el nuevo gobierno, además de tener un papel protagónico en el aval ambiental a proyectos de infraestructura. El Ministerio de Ambiente precisó que su gestión estará orientada al fortalecimiento técnico y la transparencia en los procesos, con el propósito de proteger el patrimonio natural en equilibrio con las actividades de desarrollo económico y social del país.
Vale la pena decirlo sin rodeos: la ANLA no es un trámite. Es la última línea de defensa técnica antes de que una excavadora, un pozo o una torre de transmisión toquen un ecosistema.
El reto compartido: tres agendas que deben caminar juntas
Ninguno de los tres puede tener éxito solo:
- Si la UPME proyecta bien la demanda pero la ANH no logra revertir la caída de reservas,(esto frente a la matriz energetica de hidrocarburos, ya que la tarea seguirá siendo grande frente a energías renovables) Colombia planea sobre un vacío.
- Si la ANH produce más gas y petróleo pero la ANLA no acompaña con licenciamiento técnico y a tiempo, los proyectos quedan atrapados en el papel.
- Si la ANLA agiliza licencias sin el respaldo de una planeación sólida de la UPME, el riesgo ambiental crece sin garantía de que resuelva realmente el problema de abastecimiento.
La transición energética que Colombia dice querer se decide en la coordinación diaria entre estas tres entidades y Colombia ya tiene los nombres. Sin lugar a duda, los tres tienen la experiencia para los retos que enfrentará Colombia.
Les deseo éxito y porvenir durante sus liderazgos.